Sedentarismo

 

 

Por Dr. Daniel Cassola

 

En verdad el sedentarismo no es una enfermedad, sino un modo de vida y un factor de riesgo. Pero si lo consideráramos como una patología su tratamiento sería muy sencillo: media hora de actividad física por día.

 

En la actualidad se considera que más de la mitad de la población total del país es sedentaria, un porcentaje altísimo. Según explica el director del Programa de Actividad Física y Deportes del Hospital de Clínicas, Jorge Franchella “si se hace una actividad moderada durante 150 minutos a la semana, que es lo mismo que 30 minutos al día, se puede reducir en 31 por ciento el riesgo de enfermar y morir”.

 

Los especialistas del área de medicina del deporte están buscando que los médicos de distintas especialidades “prescriban” actividad física a sus pacientes. Se considera que lo más difícil de dar es el primer paso, porque involucra un cambio de actitud y una modificación en el estilo de vida.

 

Pero es importante darlo ya que está comprobado que ejercitarse ocasiona beneficios incluso ante enfermedades como la obesidad, la diabetes, el estrés, la osteoporosis, el síndrome metabólico y otras en las que es necesario reforzar los músculos. Por supuesto, también trae ventajas a quienes padezcan enfermedades cardiovasculares.

 

Los especialistas también buscan que las empresas se involucren en el cambio que se pretende hacer. Estar sentado durante ocho horas es un factor de riesgo  cardiovascular en sí, más allá de la actividad física que se haga con posterioridad. Lo que se recomiendan son “pausas activas”: una vez por hora durante dos o tres minutos pararse, estirar las piernas, moverse de la silla y luego continuar trabajando.

 

Luego hay pequeños cambios en nuestra vida cotidiana. Usar las escaleras y no el ascensor, bajarse unas paradas antes del colectivo y caminar. En nuestras actividades cotidianas todos podemos encontrar la manera de movernos más. Todo suma para vencer al sedentarismo.



El sedentarismo es una epidemia mundial


Por Dr. Daniel Cassola

 

Nuevos datos publicados en The Lancet Global Health muestran que uno de cada cuatro adultos en el mundo (28% o 1.4 mil millones de personas) están físicamente inactivos. Y en algunos lugares, como en Argentina, esa proporción aumenta.

 

El documento, escrito por cuatro expertos de la Organización Mundial de la Salud, informa datos que actualizan las estimaciones de 2008 sobre los niveles de actividad y, por primera vez, informa análisis de tendencias que muestran que, en general, el nivel global de inactividad en adultos permanece prácticamente sin cambios desde 2001.

 

Las mujeres eran menos activas que los hombres, con una diferencia de más del 8% a nivel mundial (32% hombres frente a 23%, mujeres). Los países de altos ingresos son más inactivos (37%) en comparación con los países de ingresos medianos (26%) y de bajos ingresos (16%).

 

Argentina, en particular, ocupa la posición 18 entre los 160 países en los que menos actividad física se hace, según un informe elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

La proporción de habitantes del país que realiza actividad física alcanza, en promedio, el 41,6 por ciento. En este caso el sedentarismo aumenta más entre las mujeres con un 45,3 por ciento que en el caso de los varones, 37,6 por ciento.

 

Aunque Argentina se ubica entre los 20 países más sedentarios, ese 41,6 de población que no cumple con una rutina de ejercicio físico es cercano al índice de los cuarenta puntos porcentuales, en los que se ubican decenas de otros estados. Alemania, por encima de Argentina, alcanza el 42,2 por ciento, Estados Unidos se ubica exactamente en el 40 por ciento y Grecia alcanza el 37,7 por ciento.

 

Estos datos muestran la necesidad de que todos los países aumenten la prioridad otorgada a las acciones nacionales y subnacionales para proporcionar los entornos que respaldan la actividad física y aumentar las oportunidades para las personas de todas las edades y habilidades, para que estén activas todos los días.

 

El nuevo Plan de acción mundial sobre actividad física establece el objetivo de reducir la inactividad física en un 10% para 2025 y un 15% para 2030.

 

El sedentarismo aumenta el riesgo de mala salud de las personas, incluidas las enfermedades cardiovasculares, varios tipos de cáncer y diabetes, las caídas y las afecciones de salud mental.

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El sedentarismo también es un problema de la tercera edad

 

Por Dr. Daniel Cassola

 

La expectativa de vida ha registrado un aumento considerable con respecto a las últimas décadas y al siglo pasado. Hoy no es infrecuente que alguien cumpla 90 o más años. Las personas de 70 o 75 años, en muchos casos, no pueden ser considerados ancianos ya que son miembros plenamente integrados y activos en la sociedad.

 

Hay aspectos de la vida que van ligados con la calidad. Uno de ellos es la actividad física. Hay enfermedades que se tornan más graves con el paso del tiempo si es que ya las tenemos o más probables si es que aún no las hemos desarrollado.

 

Mantenerse en forma, realizar ejercicio es una de esas cosas que nos hace bien por sí misma pero que también repercute en el mediano y largo plazo. Según el último estudio sobre la tercera edad presentado hace días por la Universidad Católica Argentina (UCA), siete de cada diez mayores de 60 años no realiza actividad física. Es mucha gente que se entrega al sedentarismo. Según los mismos especialistas que confeccionaron el informe, la falta de actividad física es “una cuenta pendiente”.

 

Por su peso demográfico en este grupo etario, son más las mujeres que los hombres que dicen que no hacen ejercicio. Por otro lado, el 28,4% de los que no hacen ejercicio dicen que no tienen problemas de salud, mientras que un 25% tiene una enfermedad crónica u otras complicaciones físicas. El 69,7% de los mayores que fuman tienen hábitos más sedentarios.

 

“Residir en el conurbano o en las ciudades medias del interior triplica los riesgos de no hacer actividad física”, afirma el equipo que coordinó Enrique Amadasi. Contar con espacios seguros para caminar y accesos “amigables” con los mayores a los sitios de uso público, ver a otras personas de la misma edad haciendo ejercicio, como caminatas en la plaza del barrio, y salir habitualmente a hacer actividad física con amigos o familiares son características del entorno que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, seducen a los adultos mayores a abandonar el sedentarismo.

 

El sedentarismo tan extendido revela una punta más del mismo problema. Mientras que la población de nuestra sociedad envejece, y por lo tanto cambia la composición de la misma, todavía no hemos dado el salto que nos permita entender que desde ahora mismo estamos viviendo en un mundo donde la tercera edad se ha vuelto un sector de la población con necesidades irresueltas.

 

La tercera edad, los que algunos siguen llamando “los jubilados” aunque muchos no lo sean, requiere de servicios para continuar con su vida de manera óptima. Es lógico que a muy pocos les preocupara qué hacen de sus vidas los nonagenarios hace 50 años, por la simple razón que eran muy pocos los que alcanzaban esa edad.

 

Quizás el primer paso para dar mayor calidad de vida a los mayores sea entender por completo que el mundo de la tercera edad ha cambiado, en los últimos años, como nunca antes en la historia de la humanidad.